Capitán del tanquero Bella 1 se declara culpable de evadir a la Guardia Costera de EE. UU.
Capitán del tanquero Bella 1 se declara culpable de evadir a la Guardia Costera de EE. UU. Un solo barco, dos relatos enfrentados: para Washington, el Bella 1 es símbolo de desafío a las sanciones; para la oposición venezolana, es la prueba flotante de un negocio petrolero en la sombra que el régimen niega en público y explota en privado.
Un capitán en el banquillo
Avtandil Kalandadze, excapitán del tanquero Bella 1, se declaró culpable en un tribunal federal de Estados Unidos de desobedecer órdenes de la Guardia Costera durante una persecución que fue desde el Caribe hasta el Atlántico Norte. El buque, parte de la llamada “flota fantasma” que mueve crudo iraní y venezolano, apagaba su sistema de identificación automática y ocultaba su nombre en transferencias de carga para burlar el radar de las sanciones.
La Fiscalía de EE. UU. subraya el riesgo: el Departamento de Justicia asegura que la nave transportó unos 1,8 millones de barriles de petróleo iraní hacia Asia entre septiembre y diciembre de 2025 y que el capitán ignoró la orden de detenerse del guardacostas Munro antes de ser finalmente incautado en enero de 2026.
Washington: mensaje a la “flota fantasma”
Para la fiscal federal Jeanine Pirro, Kalandadze “puso en riesgo la vida de marineros estadounidenses y guardacostas al intentar evadir sanciones estadounidenses y mover petróleo ilícito”. El Departamento de Justicia presenta el caso como advertencia global: perseguirán a los operadores de estos buques “desde el mar Caribe hasta el Atlántico Norte” y más allá.
Oposición venezolana: el negocio que el poder oculta
Medios opositores en Venezuela destacan otro ángulo incómodo: el Bella 1 es descrito como un petrolero de la “flota en la sombra” que ha transportado crudo iraní y venezolano “para el beneficio final de sus adversarios estadounidenses”. El énfasis no está solo en el delito marítimo, sino en la opacidad de un circuito petrolero que opera fuera de libros y presupuestos.
Mientras Kalandadze espera sentencia —hasta cinco años de prisión y deportación posterior—, el choque de narrativas sigue a flote: ¿es este caso un triunfo del control de sanciones, o la ventana accidental a una economía paralela que el poder en Caracas no puede admitir, pero tampoco abandonar?
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