Familiares de presos políticos mantienen vigilia frente a la Embajada de EE. UU.
Familiares de presos políticos mantienen vigilia frente a la Embajada de EE. UU. Unas carpas bajo el sol y la lluvia frente a la Embajada de EE. UU. en Caracas condensan una tensión mayor: los familiares sienten que el régimen los castiga y que Washington los oye, pero no los escucha.
Los familiares: de El Helicoide a la fachada de Estados Unidos
Después de 145 días de vigilia frente a El Helicoide, los allegados de presos políticos movieron su protesta a la embajada estadounidense, hartos de traslados que perciben como castigo y no como solución. “No podemos permitir que nuestros presos políticos cambien de centro de tortura. Ellos deben ser liberados”, denunció una familiar en una convocatoria difundida en redes.
En la práctica, la vigilia es resistencia a pulmón: unas 15 personas, en su mayoría mujeres, pasaron noches a la intemperie, “bajo extremas condiciones como sol y lluvia”, decididas a no moverse “hasta que seamos atendidos por John Barrett”. Exigen que EE. UU. use su peso político para destrancar las excarcelaciones, especialmente de quienes tienen boletas de libertad o requieren atención médica urgente.
Washington: gestos discretos, silencio incómodo
El contraste es evidente. Mientras los familiares esperan una reunión formal con Barrett, solo han sido abordados por el jefe de seguridad de la embajada –quien prometió llevar sus demandas al encargado de negocios– y por personal que “realizó varios recorridos en vehículos oficiales para verificar la situación”, sin ofrecer respuesta política alguna.
El Estado venezolano: traslados, no libertades
En paralelo, el gobierno venezolano mueve fichas, no candados: tras el supuesto cierre de El Helicoide el 3 de junio, los presos fueron enviados a otras cárceles, manteniendo el esquema de aislamiento de 23 horas diarias, según denuncian ONG y familiares. Desde la acera, el mensaje de la oposición es contundente: las familias “siguen resistiendo” y “siguen exigiendo libertad para quienes permanecen injustamente tras las rejas”.
En medio de todo, la crónica de un testigo resume la escena: un pequeño grupo con velas y un sacerdote, rodeado por una fila de policías frente a la embajada; la soledad de los manifestantes contrasta con el peso de las dos potencias que podrían mover la aguja y, por ahora, miran hacia otro lado.
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