Familias de presos políticos protestan ante la Embajada de EE. UU. en Caracas
Familias de presos políticos protestan ante la Embajada de EE. UU. en Caracas Familiares de presos políticos venezolanos han convertido la acera frente a la Embajada de Estados Unidos en Caracas en su nueva trinchera: si el gobierno mueve a los presos, ellos mueven la protesta. Y ahora exigen que Washington deje de mirar desde la ventana.
El relato de las familias vs. el discurso oficial
Para los familiares, el cierre de El Helicoide fue, en el mejor de los casos, un truco de escenografía. “El Helicoide no fue cerrado, fue multiplicado”, denunció Jean Carlos Cariel, cuyo hermano fue trasladado a La Planta sin información clara sobre su situación. Tras 145 días de vigilia frente a ese centro, decidieron mudarse a la embajada para pedir mediación directa del encargado de negocios, John Barrett: “No queremos que se olviden de ellos”, dijo una de las familiares de un militar preso.
La narrativa oficial, amplificada en Washington por el senador Marco Rubio, habla de “cientos de presos políticos liberados” y de un Helicoide ya clausurado. Pero en Caracas, los parientes replican: “Le decimos a Marco Rubio que es mentira lo que le están diciendo, hay bastante presos políticos todavía”, reclamó Jeanfranco Azuaje.
Estados Unidos: mediador esperado, respuesta lenta
Las familias no protestan contra la embajada, pero sí contra su silencio. Un jefe de seguridad prometió transmitir sus demandas a Barrett, y otro funcionario les aseguró que haría llegar “todas nuestras palabras” al diplomático, pero hasta ahora no hay reunión. Mientras, ellos levantan carpas bajo la lluvia y anuncian que no se irán hasta ser atendidos.
Oposición y ONG: presión total, dentro y fuera
Organizaciones como Provea recuerdan que la vigilia ya suma unos cinco meses y que más de 400 personas siguen presas por motivos políticos, mientras otros conteos elevan la cifra a más de 500 o incluso 600 detenidos.
Desde X, dirigentes opositores intentan convertir la vigilia en causa internacional. Leopoldo López difunde la consigna de las familias frente al Ministerio de Servicios Penitenciarios: “Cierren los centros de tortura”, reclamando el fin de las muertes bajo custodia del Estado. Juan Guaidó respalda el mismo mensaje: “Cada día en silencio es un riesgo para quienes están tras las rejas por pensar diferente. Una sola exigencia: Libertad…”.
María Corina Machado amplifica la resistencia de las familias: “Siguen exigiendo libertad para quienes permanecen injustamente tras las rejas”, y alerta sobre nuevos traslados que, según los parientes, solo cambian “de centro de tortura”, pero no dan libertad.
En la calle, el contraste es brutal: el gobierno habla de amnistía y cierres ejemplares; las familias muestran velas, colchones mojados y listas de nombres que siguen sin salir de prisión. Entre ambas versiones, la embajada de EE. UU. es ahora el punto de choque donde todos miran, pero casi nadie responde.
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