Fallece el ícono del rock argentino Carlos "Indio" Solari a los 77 años
Fallece el ícono del rock argentino Carlos “Indio” Solari a los 77 años La Argentina del rock se despertó de duelo y de bronca: el país que canonizó al Indio Solari como mito popular no logra ponerse de acuerdo ni siquiera sobre cómo despedirlo. Su muerte, a los 77 años, expuso tanto la dimensión cultural del ídolo como la grieta política que atraviesa hasta los velorios.
El mito popular vs. la versión oficial
Los relatos coinciden en la estatura del personaje. Solari es descrito como “cantante, compositor e ícono del rock de Argentina” que brilló como líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una de las bandas “más masivas y exitosas” de la historia musical del país. Su obra, cargada de metáforas, se metió en “la vida cotidiana de millones de argentinos”, desde consignas políticas hasta graffitis y banderas de cancha.
Pero mientras el parte policial habla de “larga batalla contra el Parkinson” y subraya la cronología de su carrera —de los años 70 bajo la dictadura a los recitales monumentales de 2017—, la narrativa popular eleva la vara del duelo: “No puedo creer que Dios pueda morir dos veces”, dice una oyente que lo equipara a Maradona, sintetizando una sensación de orfandad nacional.
Pueblo en la calle vs. frialdad institucional
Las crónicas más cercanas a la base ricotera hablan de una figura “omnipresente” cuya lírica y mirada de la realidad acompañaron “a millones en diferentes etapas de su vida”. Desde sus redes, el entorno del músico admitió: “Nuestro amado Indio -su cuerpo, su manifestación física- ya no está. No hay forma de expresar nuestro dolor… es el mismo que sienten ustedes”.
En la calle, la respuesta fue inmediata: convocatoria a “misa ricotera” en Plaza de Mayo y otros puntos del país para despedirlo “a lo grande”, reeditando el ritual masivo que marcó su carrera.
El contrapunto: el gobierno de Javier Milei rechazó que el ídolo fuera velado en el Congreso, como otras figuras influyentes. Mientras el Estado se mantiene distante, la casa de Solari en Parque Leloir se transforma en “santuario y esquina sagrada”, con cientos de fans rezando que “los ídolos nunca mueren”.
En ese choque —mito popular expandiéndose y protocolo oficial encogiéndose— se escribe el primer capítulo póstumo del Indio: menos ceremonia institucional, más canonización callejera.
Write a comment