OVP: 181 reclusos murieron en Venezuela durante 2025 por falta de atención médica
OVP: 181 reclusos murieron en Venezuela durante 2025 por falta de atención médica La estadística es brutal: en las cárceles y calabozos de Venezuela, 2025 dejó 181 muertos bajo custodia estatal, es decir, un preso fallecido cada 48 horas. No por balas ni motines, sino por algo más silencioso: hambre, enfermedades y abandono médico.
OVP: de los datos al diagnóstico de “crisis”
El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) describe el panorama como una crisis carcelaria abierta: 181 reclusos fallecieron en Venezuela durante 2025, la mayoría por falta de atención médica adecuada, según sus reportes y balances anuales. El informe “En Venezuela es preferible estar muerto que vivir el horror tras las rejas” detalla que murieron 158 personas en cárceles y 23 en calabozos policiales, lo que se traduce en un muerto cada dos días.
Lejos de atribuirlo a violencia interna, el OVP subraya que 95,57% de las muertes en cárceles se debieron a desnutrición, falta de asistencia médica y condiciones insalubres, una “muerte lenta” por afecciones cardiorrespiratorias, fallas multiorgánicas y otros cuadros evitables.
Prensa crítica: del número al veredicto político
Desde la prensa opositora, el dato se convierte en acusación directa. El Nacional resume la tragedia en una fórmula demoledora: “La vida no vale nada en las cárceles venezolanas”, donde gritos “se apagan en la indiferencia oficial” mientras el ministro penitenciario “sigue en su despacho mirando para el techo”. En otro reportaje, el sistema penitenciario es descrito como una “fosa común de impunidad” donde la privación de libertad se transforma en “condena a muerte” por hambre y desatención.
Runrun.es, citando al director del OVP, Humberto Prado, vincula el colapso directamente al poder político: más de 400 presos políticos siguen tras las rejas y la causa de fondo sería una sola: “Falta de voluntad política”. Prado recuerda que la Constitución obliga al Estado a garantizar los derechos humanos de los privados de libertad, pero señala que el Ministerio de Servicios Penitenciarios “va a cumplir 15 años y la gente se sigue muriendo en las cárceles: no hay médicos, no hay enfermeras, no hay acceso a la salud, no hay una alimentación adecuada”.
Coincidencias y silencios
En todos los relatos hay un punto común: el Estado aparece como custodio de cuerpos que no logra —o no quiere— mantener con vida. Lo que cambia es el énfasis: el OVP acumula pruebas y porcentajes; los medios críticos traducen esos números en una acusación política frontal. Lo que falta es la tercera voz: la del gobierno, ausente en las cifras y en la explicación de por qué, en Venezuela, ir preso se parece tanto a recibir una sentencia de muerte.
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