La democracia después del balotaje
La ciencia política contemporánea distingue entre dos fenómenos que suelen confundirse: la polarización ideológica y la polarización afectiva. La primera es consustancial a la democracia y expresa los desacuerdos racionales que naturalmente surgen en una sociedad pluralista. La segunda, en cambio, es un fenómeno sociopsicológico que erosiona la democracia: el adversario deja de considerarse alguien errático para convertirse en una amenaza moral que debe descalificarse, excluirse o neutralizarse.
La democracia después del balotaje La ciencia política diferencia entre polarización ideológica, natural en democracias, y polarización afectiva, que debilita la democracia al convertir al adversario en una amenaza moral. Este último fenómeno, evidenciado globalmente, dificulta la gobernabilidad y la reconstrucción de consensos, siendo un desafío clave para el futuro presidente de Colombia. La polarización afectiva es útil para ganar votos pero ineficaz para gobernar.
- La polarización afectiva, a diferencia de la ideológica, erosiona la democracia al deshumanizar al adversario y debilitar la tolerancia y la autocontención institucional.
- Este fenómeno global ha generado inestabilidad y dificultades para gobernar en países como Estados Unidos, Perú y Chile.
- En Colombia, la segunda vuelta presidencial corre el riesgo de ser un plebiscito emocional más que una disputa ideológica, dificultando la gobernabilidad del ganador.
- El verdadero desafío para el próximo presidente será reconstruir la capacidad de gobernar, recomponiendo puentes con moderados y negociando con un Congreso fragmentado.
- Se deben construir consensos mínimos en temas clave y aprender de la experiencia de que la polarización moviliza electoralmente pero destruye las bases para gobernar. https://www.eluniversal.com.co/opinion/columna/2026/06/20/la-democracia-despues-del-balotaje/
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