Gobierno de Colombia y disidencia de las FARC acuerdan entrega de armas en Putumayo

Como parte de los diálogos de paz con el Gobierno Nacional, 99 integrantes de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CN-EB), una disidencia de las FARC, entregaron sus armas en Putumayo. Los excombatientes se trasladarán a una Zona de Ubicación Temporal para iniciar su proceso de tránsito a la vida civil.
Gobierno de Colombia y disidencia de las FARC acuerdan entrega de armas en Putumayo

Gobierno de Colombia y disidencia de las FARC acuerdan entrega de armas en Putumayo El eco de los fusiles silenciados en Putumayo divide al país entre quienes ven un paso histórico hacia la paz y quienes sospechan de otro experimento arriesgado con grupos armados aún intactos. Lo que nadie discute es el peso simbólico: casi cien disidentes de las FARC entregando armas en plena selva.

El relato oficial: victoria de la “Paz Total”

Desde el Gobierno, el episodio se cuenta como una postal de éxito. Imágenes de 99 integrantes de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CN‑EB) dejando sus fusiles en un contenedor marcado con la frase “Le apuesta a la vida, le cumplo a la paz” resumen la narrativa oficial de desescalamiento controlado. Tras la dejación de armas, los excombatientes ingresan a una Zona de Ubicación Temporal (ZUT) en Valle del Guamuez, sin fusiles ni camuflados, por hasta diez meses mientras se define su tránsito a la legalidad y su situación jurídica.

La Consejería de Paz lo firma como “paso histórico”: hombres y mujeres que “inician su tránsito a la vida civil plena, con acompañamiento de las instituciones del Estado colombiano y el apoyo de las comunidades vecinas del territorio”. Para la Casa de Nariño, el dispositivo técnico —monitoreo internacional y eclesial, controles civiles y policiales, suspensión temporal de operaciones militares para garantizar el traslado— prueba que no se trata de una nueva “zona de despeje”, sino de una herramienta quirúrgica de la Paz Total.

Las dudas: ¿punto de quiebre o repetición de guion?

La otra lectura, menos celebratoria, contrasta la épica simbólica con la fragilidad estructural: una sola disidencia, un solo territorio, y un cese focalizado de apenas cinco días para mover a un centenar de hombres armados. El Gobierno exhibe cifras de destrucción de explosivos y reducción de homicidios como prueba de impacto, pero críticos apuntan que aún no hay claridad sobre verdad, reparación a víctimas ni garantías de no repetición.

En la práctica, Putumayo se convierte en laboratorio: para unos, vitrina de que la Paz Total sí puede desactivar disidencias; para otros, ensayo riesgoso cuyo éxito real solo se medirá cuando esos exguerrilleros sobrevivan —y no reincidan— fuera de la ZUT.

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