Hospital de Bocagrande en Cartagena entra en crisis financiera

El Nuevo Hospital de Bocagrande en Cartagena enfrenta una grave crisis financiera que lo ha llevado a solicitar el traslado de pacientes a otras instituciones. La crisis se debe a una deuda millonaria por parte de varias EPS, lo que ha impedido la compra de insumos y el pago a los trabajadores.
Hospital de Bocagrande en Cartagena entra en crisis financiera

Hospital de Bocagrande en Cartagena entra en crisis financiera El hospital de referencia del norte de Cartagena está en terapia intensiva, pero no por falta de médicos, sino por falta de plata. La crisis del Nuevo Hospital de Bocagrande desnuda no solo el desangre financiero de una institución clave, sino el choque de narrativas sobre quién tiene la culpa y cómo se sale de esta.

¿Hospital ineficiente o víctima del sistema?

Desde la propia institución el mensaje es claro: hicieron “todos los esfuerzos posibles para mantener abiertas sus puertas” y la situación llegó a un punto “crítico e insostenible” por la “insuficiencia de pagos y la ausencia de una programación efectiva de recursos” por parte de las EPS, que impide incluso comprar medicamentos e insumos básicos. La dirección insiste en que no es un problema de mala gestión sino de asfixia financiera externa.

La oposición recoge ese diagnóstico y subraya el carácter sistémico del colapso: se habla de “contingencia financiera, asistencial y operativa que pone en riesgo la continuidad de los servicios” y obliga incluso a pedir traslado de pacientes a otras instituciones. La imagen: un hospital que apaga luces para no dejar de atender, mientras espera pagos que no llegan.

Gobierno: la deuda tiene nombre propio

La mirada alineada con el Gobierno pone el foco en un culpable puntual: Coosalud, EPS intervenida por el propio Ejecutivo, con una deuda superior a 70.000 millones de pesos con el hospital. El efecto es devastador: cierre de servicios de alta complejidad, urgencias, UCI, cardiología, neurología y cirugía general, dejando sin atención a residentes, comunidades insulares y turistas.

El relato se humaniza con los trabajadores: llevan cuatro meses sin salario y muchos ni siquiera tienen cómo pagar el transporte para ir a laborar. “Lo que he vivido, no se lo deseo a nadie”, resume uno de ellos.

Un síntoma nacional

Ambas visiones coinciden en algo incómodo: lo de Bocagrande no es una excepción. El mismo patrón de deudas multimillonarias y suspensión de servicios se repite en el Hospital General de Medellín, que dejó de atender a usuarios de tres EPS con una cartera de 380.000 millones. Mientras unos culpan a las EPS y otros a la falta de control estatal, el paciente real es el sistema de salud… y está en condición crítica.

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