Colombia anuncia proyecto de interconexión eléctrica con Venezuela

El gobierno de Colombia anunció un proyecto de interconexión eléctrica con Venezuela desde el departamento de Vichada. Con una inversión que supera los 89.900 millones de pesos, la iniciativa busca fortalecer la seguridad energética regional y ampliar la cobertura en la zona fronteriza.
Colombia anuncia proyecto de interconexión eléctrica con Venezuela

Colombia anuncia proyecto de interconexión eléctrica con Venezuela Colombia vuelve a mirar hacia Caracas para encender la luz en su frontera oriental, mientras la política interna se debate entre la promesa de integración energética y el fantasma de la dependencia de un vecino con historial de apagones.

El relato oficial: integración, transición y “hermandad”

Para el Gobierno, la interconexión eléctrica con Venezuela vía Vichada no es un experimento, sino una jugada estratégica de largo aliento. El plan de más de 89.000 millones de pesos se vende como la gran apuesta para “conectar su sistema eléctrico con Venezuela” y convertir a Vichada en plataforma binacional.

El Ministerio de Minas y Energía enmarca el proyecto dentro de una estrategia de seguridad energética y transición verde: se anuncia un paquete de inversión que “supera los 89.900 millones de pesos” para ampliar cobertura, reforzar redes y acelerar el paso a renovables en uno de los departamentos más rezagados del país.

La planta solar fotovoltaica El Merey, con 5 megavatios para más de 1.600 usuarios, es presentada como vitrina de esa “energía limpia y confiable” que, de paso, le da sentido a la nueva etapa de cooperación con Caracas.

La mirada crítica: ¿seguridad energética o riesgo calculado?

Desde la oposición, la propia formulación de “apuesta” deja claro que el movimiento está lejos de ser un consenso técnico incontestable. La integración con un sistema eléctrico venezolano aún en proceso de recuperación despierta sospechas: ¿es prudente anclar la confiabilidad de la frontera a un socio con historial de racionamientos?

Además, la narrativa de “hermandad entre nuestros pueblos” y la interconexión “como realidad” se lee, del otro lado del espectro político, como aceleración ideológica más que como prudencia energética.

El contraste es claro: para el Gobierno, Vichada es el laboratorio de la integración y la transición; para la oposición, un experimento de alto voltaje que puede salir caro si la geopolítica —o la red venezolana— vuelve a fallar.

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