Rosario Murillo responde a sanciones de EE. UU. y a Marco Rubio
Rosario Murillo responde a sanciones de EE. UU. y a Marco Rubio Rosario Murillo convirtió las nuevas sanciones de Estados Unidos en una guerra de metáforas: “gigantes”, “espuma en la boca” y soberanía. Detrás de la retórica, dos relatos totalmente opuestos sobre poder, justicia y miedo.
El relato oficial: pueblo gigante, Washington enana
Desde los medios oficialistas, Murillo se presenta como voz de un pueblo heroico y acosado. En su habitual monólogo radial, exaltó al país como “Nicaragua bendita, digna, dignísima, soberana… siempre luchadora y siempre victoriosa” y sentenció que “los verdaderos gigantes son los pueblos que trabajan por el bien común”.
La narrativa sandinista pinta a Estados Unidos como un imperio arrogante, reducido a un “gigantismo” fantasioso. Hay “quienes se creen gigantes”, dijo, pero eso es “fantasía, ilusión, espejismo”; los otros “gigantes” serían los que “se llenan la boca de espuma, dándose a conocer como capaces… de destruir… de sembrar infortunios… de reinar desde la injusticia”. En esta versión, las sanciones son solo otro intento de doblar la soberanía que el pueblo, “luchador y triunfal”, resistirá.
La oposición: espuma, chifleta y crimen de Estado
Los medios críticos describen la misma arenga como una “chifleta” de Murillo frente a sanciones ligadas a la muerte bajo custodia del líder indígena Brooklyn Rivera y a las restricciones de visa contra más de 100 funcionarios. Subrayan que la vicepresidenta habló de quienes “se llenan la boca de espumas, porque se creen gigantes” para atacar al Departamento de Estado y a Marco Rubio, mientras ignora las denuncias por violaciones de derechos humanos.
Para la prensa opositora, la frase “¿capaces de qué? ¿Capaces de destruir, capaces de sembrar infortunios, capaces de instalar tragedias, capaces de reinar desde la injusticia?” encaja mejor con el propio historial del régimen que con Washington. Y cuando Murillo proclama que “los verdaderos gigantes son los pueblos… que luchamos por el bien de todos”, sus críticos replican que ese mismo pueblo hoy está exiliado, preso o silenciado.
En suma: para Murillo, las sanciones son teatro imperial contra un pueblo gigante; para la oposición, su discurso es espuma retórica que intenta tapar un crimen de Estado.
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